Los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) son el típico sitio al que un servidor nunca iría de motu propio. El elenco de personalidades, intelectuales y artistas que los distintos medios de comunicación anuncian como asistentes a estos eventos hacen que mi percepción hacia ellos esté envuelta con un halo misterioso, irreal y lejano. Algo así como ir a pasear por la alfombra roja de Hollywood la noche en que se entregan los Oscar. También he de confesar cierta repulsión a todo lo que suene a curso de verano. El verano es sagrado y dedicarlo a aprender es para mí sinónimo de castigo para los que no se aplicaron durante el invierno, o enfermedad mental para los adictos al trabajo.
Pero esta vez ha sido diferente, he caído. Espoleado por una amable invitación, accedí a coger rumbo al norte para pasar un par de días en Santander y asistir a un seminario organizado por el Director de la Agencia Española de Protección de Datos, D. José Luis Piñar Mañas, y patrocinado por la Fundación Alfonso Martín Escudero, titulado “Hacia un nuevo Reglamento de la Ley Orgánica de Protección de Datos”. Si, ya se que el título no es muy sugestivo para un técnico con aspiraciones a cura, pero ya sabéis que todo lo que suene a ir de gañote me seduce tremendamente.
Santander nos recibió como estila. Indiferente y húmeda, desparramó un intenso granizo sobre nuestras cabezas que a punto estuvo de hacernos perder el norte. El seminario ha resultado un éxito de convocatoria, se han cubierto todas las plazas y la sala donde se desarrollan las charlas se quedó pequeña. Entre los asistentes, muchos abogados pertenecientes a despachos de rancio abolengo, algunos consultores de empresas dedicadas a la materia, personal de la administración pública y un puñado de técnicos.
No es mi intención perder a los pocos navegantes que asiduamente dilapidan su valioso tiempo acercándose de manera inconsciente a leer el contenido de este blog. No emprenderé el camino sin retorno que implica tratar de explicar la materia sobre la que versaba el seminario. Tampoco quiero ejercer de impostor y dármelas de entendido en esta, para mí, esquiva materia. Sabía poco del tema cuando fui, y ahora solo se que eso de la LOPD nos afecta mucho a los que trabajamos en esto de las tecnologías de información y hay que hacer algo para tratar de asimilarlo. Mi primer intento ha sido nulo…
Cuando alguien dijo que jurídicamente nuestros datos personales son parte de nosotros mismos, se me fue la cabeza tratando de imaginar algo así como un fichero con datos que a modo de miembro estuviese adosado a mi cuerpo, como un tercer brazo compuesto de datos personales. De la abstracción jurídica pasé a la ensoñación futurista y dándole la vuelta al argumento trate de indagar en las grandes ventajas que tendríamos si pudiéramos convertir la esencia biológica de nuestro cuerpo en simples datos. Sería genial poder convertirnos en “entidades cuánticas” y aprovechar sus cualidades para resolver el paradigma de la teletransportación y viajar a la velocidad de la luz. El retorno a nuestro estado biológico desde la “entidad cuántica” y el dato pude ser más complicado. Si no, que se lo pregunten al científico de la película “La Mosca”, que por compartir habitáculo con un insecto mientras practicaba este tipo de experimentos, acabó hecho un feo engendro, solo aprovechable como extra para el Bar de “La Guerra de las Galaxias”, o para presentarlo como concejal por el “Partido Comunista de las Tierras Vascas”. La saga de la película ya ha terminado y de los otros tenemos más de los que sería recomendable, así que de momento tendremos que limitar el uso de la teletransportación a la fabricación de computadoras cuánticas que den un impulso inimaginable a la actual capacidad de cálculo de nuestros sistemas…
Al final Santander nos sedujo con la envolvente tranquilidad que transmite y la naturaleza salvaje de sus playas. Nos dio pena tener que dejarla y si nos vuelven a invitar, volveremos, que duda cabe, aunque sea para algo esotérico e irracional a nuestras cuadriculadas mentes. Hemos partido anticipadamente del seminario sin poder asistir a las conclusiones pues el sorprendente programa TechNet nos reclama para el último evento de nuestro año académico. Si sobrevivo os lo cuento.