Me confieso
Tengo que confesarme ante vosotros.
Me encanta esta gira, a pesar de estar fuera de casa casi toda la semana y no poder llevar al cole a mis hijos, ni recogerlos por la tarde. a pesar de no poder claudicar cuando me piden una chuche saliendo del metro camino a casa.
Me encanta esta gira a pesar de tanto viaje y de corroborar que España está mal vertebrada y que es un pecado secular y una vergüenza para la clase politica que ha estado dirigendo –o dando bandazos- este país los dos últimos siglos.
Me encanta porque me creo lo que se dice en las sesiones, porque me creo a los ponentes. Me encanta oír repetidas veces el mismo mensaje (a pesar de los cabezazos que en más de una sesión he sufrido y que sólo puedo comparar con los que me daba en misa cuando de crío íbamos toda la familia a la ceremonia del sábado por la noche en la cripta de la Sagrada Famíia de Barcelona -donde descansan los restos de Antoni Gaudí- y nos podía el sueño de tan mala hora).
Me encanta contagiarme de la pasión que los evangelistas desprenden y del esfuerzo para que cada sesión les salga mejor que la anterior.
Me encanta ser testigo de esta pasión, el esfuerzo y la energía de la mejor Microsoft. Para muestra, la noche en vela reinstalando máquinas tras un accidente los los portátiles en la T4 de Barajas de camino a Santiago de la que os he hablado hoy en un post anterior. Sin desayuno, casi sin comer, eso es tener lo que hay que tener. Están volando hacia Madrid en estos momentos, que mañana por la mañana tienen otra sesión. A media tarde cogen un AVE camino Zaragoza para luego, en coche, hasta Logroño, donde prosigue el Tour de la Innovación.
Como en toda multinacional, las cosas cambian con el paso del tiempo. La subsidiaria española ha crecido en estos años. Y mucho. Y con este crecimiento, obviamente puede costar mantener el ADN primigenio. Seguro que en los últimos años ha entrado algún cafre y algún que otro mercenario engañando a los filtros de los procesos de selección, pero viendo a Paulo y a Fernando, estoy convencido de que a pesar de los años transcurridos desde que pisé por primera vez unas oficinas de Microsoft (en mayo de 1996), la compañía no ha cambiado en lo esencial. Y me encanta que sea así.
También me encanta, como os podeis imaginar, cuando se me acerca un asistente y me pregunta si soy el mismo que publicaba Windows TI Magazine. No sabeis cuánto lo agradezco. Estuve 12 años publicándola, hasta Octubre del año pasado. Y dio la impresión de que se cerraba una etapa y que ponía el contador a cero. No fue fácil. No ha sido fácil. Que alguien reconozca el trabajo hecho, me hace sentir fenomenal. Gracias.
Formar parte de la gira de lanzamiento de un producto como Windows 7 y de Windows Server 2008 R2 es lo mejor que me ha pasado en este último año. Por un instante, me gustaría que esta gira no acabase. Y eso que os escribo desde el Aeropuerto de Santiago, son las 21:51, mi vuelo a Barcelona sale a las 22:45 y ya llevo casi tres horas en estos pasillos de luz anaranjada y melancólica. A lo mejor es por eso que escribo estas líneas, y mañana, con la luz diurna, me arrepiento ,quizás, de habéroslo contado.