En “You are Not a Gadget: A Manifesto” (No eres un Gadget: un manifiesto), Jaron Lanier, tecnólogo, experto en computación, compositor y una de las “100 personas más influyentes del 2010” por la revista Time, es muchas cosas —experto en computación, músico, escritor— pero no es una máquina. El año pasado escribió un libro donde nos recuerda que no somos ninguno de los dos. El libro causó bastante conmoción.

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“You are Not a Gadget: A Manifesto” explora el poder y las limitaciones de la interacción humana en un mundo socialmente conectado. Lanier cree firmemente en la promesa del Internet, pero lamenta la manera en que lo utilizamos. El objetivo principal del libro era la Web 2.0 y lo que Lanier ve como su celebración del colectivismo en línea. Lanier considera que los principios de la Web 2.0 enfocados en colaborar y compartir han dado lugar a lo que él denomina “el maoísmo digital”, donde el individuo es derrotado por las ideas colectivas, donde los creadores de contenido no ganan dinero y donde los foros abiertos son invadidos por multitudes anónimas fuera de control.

Crítica, sobre todo, la idea de que todo el contenido en el Internet debiera ser gratuito. Compara esa visión con la revolución de la PC de las últimas décadas, la cual, afirma, ayudó a enriquecer a miles de personas. Hoy día, mucha gente defiende el modelo de publicidad que, en su parecer, es “el equivalente de la heroína en el mundo de la computación”.

“La idea de que estaba bien utilizar la PC para ganarse la vida, pero que no podías esperar lo mismo del Internet, anula por completo nuestro deber con la sociedad”, asegura. “Y en verdad siento que si este tipo de modelo publicitario del Internet no hubiera sido tan dominante con el cambio de siglo, hubiéramos generado suficiente riqueza en las clases medias para evitar la recesión por la que estamos pasando”.

Lanier, por el contrario, defiende un estilo de cómputo que denomina tecno-humanismo, donde se reconoce al individuo y donde el Internet ofrece un camino hacia la creatividad y el crecimiento económico. Quiere que los diseñadores web y los ingenieros de redes piensen en maneras de valorar más a la gente que a la información.

“Pienso que debiera existir una fe sagrada en que la gente es especial, y reforzarla una y otra vez en todos los niveles de la computación, tanto en la experiencia de usuario como en la manera en que están diseñadas las redes”, observó. “Porque si las computadoras ofrecen esa otra perspectiva del mundo donde todo es solamente información, la computación puede, en cierto modo, borrar a la gente”.

El tecnólogo como ser escéptico

A raíz de “You Are Not a Gadget”, algunas personas consideran que las ideas de Lanier son “anti-tecnológicas”. Él rechaza tal acusación. Lanier cree que un componente crítico de su trabajo como tecnólogo consiste en analizar minuciosamente el uso —y mal uso— que hacemos de la tecnología.

Lo que intento descifrar es si existe otro canal hacia la inteligencia, si nuestro cerebro posee otro océano a la espera de ser explorado.

“Pienso que es una charlatanería trabajar en el campo de la tecnología sin ser escéptico o cauteloso respecto al mal uso que podría dársele”, afirma. “Por eso considero que ser crítico, ser duro con nosotros, conmigo mismo, con nuestra tecnología, es parte de mi responsabilidad como tecnólogo”.

Lanier es un escritor prolífico. Además de libros, con frecuencia escribe columnas de opinión en medios como el Wall Street Journal y el New York Times. Considera la vida pública una parte esencial de sí mismo, y antes de ingresar a Microsoft, se aseguró de que la compañía aceptara el hecho de que generalmente dice lo que piensa.

“Les pregunté qué sucedería si dijera algo que molestara a alguien en Microsoft. Me respondieron: ‘Somos adultos, sobreviviremos’. Eso me pareció genial”, comenta.

Entonces, a medida que investigue el futuro de la computación en Microsoft Research, también emitirá un alerta cada vez que vea la tecnología tomar un camino que considere equivocado. Pero no obstante su escepticismo, cree firmemente que la tecnología es indispensable para el futuro de la humanidad. Lamenta las visiones negativas que Hollywood presenta cuando muestra la tecnología del futuro. Lanier también ha mostrado interés por el cine: fue asesor en la cinta “Minority Report” del 2001”. Aunque disfrutó mucho la experiencia, estuvo en total desacuerdo con el final “de regreso a la naturaleza” de la película.

“No puedes oponerte a la tecnología para construir un futuro prometedor”, opina. “Si eso es lo que consideras un final feliz, todos moriremos de hambre”.

A fin de cuentas, Lanier proclama ser un optimista. Considera que la tecnología es nuestra esperanza para un mejor mañana.

“Desde luego que soy optimista; si no lo eres, ¿qué haces aquí? Busca otro planeta donde vivir si no quieres ver éste con optimismo. Hemos llegado al límite de la Tierra tal y como la comprendemos, y ahora los tecnólogos son quienes están bajo presión para encontrar una solución. Y estoy seguro de que lo haremos”, concluyó.