Albert Rocker se encontró a sí mismo en una encrucijada entre dos grandes sueños: el atleta del Instituto Tecnológico de Georgia tenía que elegir entre jugar un último año de futbol americano universitario para tener la oportunidad de ingresar a la Liga Nacional de Futbol Americano de E.U.A. (NFL) o aceptar una oferta de trabajo de “la compañía de software más grande del mundo”.

Era la decisión más difícil que Albert Rocker había tenido que hacer en su vida: ¿formarse una carrera en la NFL o en Microsoft?

En el Instituto Tecnológico de Georgia, Rocker jugaba la posición de apoyador externo (outside linebacker) para el equipo Yellow Jackets y le quedaba un año, una última temporada de futbol, para poder ser elegido para la NFL. Durante su carrera universitaria, Rocker jugó un total de 38 partidos, incluyendo 13 en su penúltimo año de carrera en el 2010 —sería considerado por la NFL si regresaba a su último año de elegibilidad—.

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“Cuando entré a la universidad, decidí que triunfaría en los negocios o que ingresaría a la NFL”, comenta Rocker.

Asumió ambos objetivos con tenacidad y disciplina: se despertaba a las 4:30 a.m. para entrenar con su equipo de futbol y se quedaba estudiando hasta después de las 11:00 p.m. Su gran esfuerzo rindió frutos, pues lo llevó a una encrucijada donde debía elegir entre sus dos sueños.

“Nunca tienes tu futuro asegurado, pero es un riesgo cuando se trata de la NFL”, afirma Rocker. “Desde luego, cuando tienes 21 años quieres abarcarlo todo. Sales al campo a jugar todos los sábados y ganas los partidos y todos te dicen que vayas tras la NFL. ¿Pero qué sucede cuando todo termina? Sentía que tenía que elegir lo mejor para mí a largo plazo, e incluso si me aceptaban en la NFL, sabía que Microsoft era lo mejor para mí”.

Un equilibrio delicado

Cuando Irwin Dolobowsky, empleado de Microsoft y exalumno del Instituto Tecnológico de Georgia, conoció a Rocker en una feria de carreras en el campus de la universidad a finales de 2010, sabía que el atleta universitario era el tipo de persona capaz de cumplir lo que se proponía. Dolobowsky le envío el curriculum vitae de Rocker a Trish Lincoln, reclutadora en Microsoft.

Lincoln se sintió intrigada por el CV de Rocker, el cual demostraba no sólo su experiencia académica y empresarial, sino también su enfoque empresarial en su carrera de futbol americano.

“Siempre tengo su CV en mi oficina, es realmente único”, dice. “Contiene estadísticas sobre la manera en que el récord de su equipo había mejorado bajo su liderazgo, así como la forma en que había trabajado con jugadores más jóvenes y en su propio entrenamiento. Era obvio que había pensado cuidadosamente cómo aplicaría su experiencia futbolística en el mundo de los negocios. Presentaba un argumento muy convincente”.

Rocker ha dedicado sus primeros meses en Microsoft a capacitarse y a observar a otros gerentes de cuentas técnicas, y pronto tendrá sus primeros clientes.

“Nos encanta tenerlo con nosotros”, manifiesta Lincoln. “Tiene don de gente y a los clientes les encantará trabajar con él. Es creativo, optimista y el tipo de persona que te hace pensar: ‘Vaya, puedo lograr lo que sea’”.

‘El dolor es temporal’

Rocker comenta que todavía se está acostumbrando a vivir en la zona de Los Ángeles, que es mucho más grande que la de Atlanta, además del tráfico pesado. Le encanta su nuevo trabajo y está absorbiendo todo lo que Microsoft ofrece.

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“Me encanta esta compañía”, dice Rocker. “Nunca imaginé trabajar para la compañía de software más grande del mundo. Nunca imaginé que usaría un traje para ir a trabajar. Nunca imaginé que a los 22 años tendría un trabajo formal. Nunca imaginé nada de esto, pero cuando te decides por algo, debes confiar en que lo que pueden lograr y creer en ti mismo”.

Al igual que cuando jugaba futbol americano, continúa despertándose temprano para ejercitarse, y, en ocasiones, incluso vuelve a hacer ejercicio en las noches después de salir de la oficina. “Tu cuerpo se hace adicto al ejercicio, lo necesita para funcionar”, explica Rocker. “Cuando termino, tengo toda la energía del mundo”.

Cuando se ejercita, su mente se remonta al momento culminante de su carrera futbolística universitaria. Con 12 segundos restantes en el Campeonato de Futbol Americano 2009 de la Conferencia de la Costa Atlántica (ACC), los Yellow Jackets ganaban 39 a 34. En un campeonato donde equipos fuertes como los de la Universidad Estatal de Florida y del Tecnológico de Virginia son los que generalmente ganan cada año, éste no era un juego de campeonato más para el Instituto Tecnológico de Georgia, sino un evento histórico.

Rocker y sus compañeros de equipo iniciaron con 12 segundos en un juego defensivo de vida o muerte. Los gritos de 42,000 seguidores, la música, los anunciantes… Todo pareció silenciarse cuando Rocker se dirigió a sus compañeros antes de entrar al campo.

“El dolor es temporal”, afirma. “El triunfo es eterno. Eso es lo que me motiva. Tenemos que esforzarnos y detenerlos, y viviremos el resto de nuestra vida como campeones. No hay mucha gente que puede decir lo mismo”.

Lograron detenerlos, obligando a los Tigers a regresarles el balón. El Instituto Tecnológico de Georgia agotó el tiempo y ganó el partido —además de los gigantescos anillos del campeonato—.

“Pienso que todos pueden lograr lo que se proponen, pero si quieres triunfar, tienes que luchar”, concluye Rocker. “No era algo innato en mí, pero lo deseaba, y si eso significaba que debía trabajar 10 veces más que cualquier otra persona, o despertarme temprano y acostarme tarde, lo hice con la esperanza de que al final rindiera frutos”.