Hoy es difícil. Difícil expresar lo que la inmensa mayoría de españoles sentimos después de una jornada como la de ayer... ¡Somos Campeones del Mundo!

En Microsoft, como en casi cada hogar, bar, oficina, redacción... ¡fuente!... hemos vibrado con nuestra selección de fútbol, con una final de infarto, dura y bronca, pero en la que acabó triunfando el buen fútbol, el fútbol total, el jugar bonito que nuestros muchachos, encabezados por Iker Casillas, Villa Maravilla, Xavi, Iniesta (¡ese gol! ¡ese mundial en forma de calma y pepinazo!), Busquets, etc. han desplegado en una Copa del Mundo inolvidable  por demasiadas razones como para enumerarlas aquí.

En nuestro caso, a muchos de nosotros, la final entre Holanda y España nos ha pillado al otro lado del océano. Concretamente, en Washington D.C, donde hoy mismo ha comenzado nuestra Conferencia Mundial de Partners de Microsoft 2010, que reúne a más de 9.000 socios de negocio de la compañía durante esta semana y en la que se tratarán como temas clave la innovación, el modelo de cloud computing, y el ecosistema que partners y su importancia y calado social.

Pero ayer por la noche (la tarde, en Washington), lo importante era otra cosa, lo importante era la Roja: en un bar de la capital estadounidense,  nos reunimos los directivos y empleados de Microsoft, nuestros socios y la prensa venida desde España a cubrir el evento para sufrir, gritar, celebrar y emocionarnos como el resto de españoles del mundo al son de los pases, los contragolpes, las paradas de Iker, las patadas de kárate, el golazo de un enorme Iniesta y el ejemplo de actitud de nuestros muchachos (ese aguante, esos recuerdos a los que ya no están...).

Tenemos la mejor selección de fútbol del mundo. Nos han hecho campeones. Nos han hecho un poquito más felices. Hoy comienza una intensa semana en Washington D.C. protagonizada por nuestra Conferencia Mundial de Partners y sus más de 14.000 asistentes. Pero ayer fue un día de júbilo desatado también aquí, a este lado del mundo, alejados de la Cibeles y otras tantas fuentes de España, pero encontrando nuestro propio espacio en un Dupont Circle atestado de españoles.

Como así lo atestigua este vídeo. No es tan bonito como el beso entre el capitán y la reportera, Iker Casillas y Sara Carbonero, pero ahí estábamos también nosotros, en la distancia, dándolo todo.