Hablábamos ayer (parafraseando al célebre poeta) de tablets y… bueno, tablets poco ortodoxas. Chistes y parodias aparte, lo cierto es que los últimos diseños en este ámbito apuntan a cómo entenderemos, seguramente, los ordenadores portátiles en el futuro (junto con los smartphones, vaya). O, al menos, a cómo crecerá la diversidad del ecosistema informático en poco tiempo, ofreciendo algo específico para cada tipo de usuario y necesidad.

Se apuntan ya muchas claves, y los ebooks son otro pilar de esta construcción, de cómo se adaptarán las costumbres a la tecnología que viene, y cómo ésta se adaptará a aquéllas en un sistema retroalimentado multilateralmente excitante y prometedor. Y es fácil echar la vista atrás un poco y repasar mentalmente cuántas actividades se han visto matizadas, cuando no directamente mejoradas, con el acceso a ciertas tecnologías: la agenda personal, el tomar notas en una reunión, las presentaciones de negocios (adiós pizarra, hola “ppt”), las comunicaciones a distancia… la composición musical… ¡la cirugía!

Sin adentrarnos en cuestiones de vida o muerte (si me permitís la frivolidad), la tecnología ha venido intentando, por un lado, imitar actividades humanas – realizadas con otras tecnologías más tradicionales - y, por otro y en paralelo, mejorar precisamente esas actividades en cuestiones como la precisión, la productividad, el coste en tiempo, etc.

Sin embargo, sigue habiendo ámbitos en que, como aquel pueblecito de irreductibles galos, la tecnología parece no penetrar. Por ejemplo, el dibujo, o la pintura. Cualquier aficionado al arte o a los cómics (ya que los mencionamos) sabrá lo insatisfactorias en términos generales que vienen resultando para un ilustrador las herramientas que la informática ofrece. Sí, es cierto que, en el mundo del cómic, el coloreado digital, incluso el dibujo y trabajo sobre superficies táctiles, vienen siendo cada día más comunes. Pero, ¿hasta qué punto las nuevas tecnologías son capaces de ofrecer el abanico de técnicas y resultados que la pintura y dibujo con técnicas tradicionales permiten? ¿Qué combinación de hardware y software alcanza la complejidad de un brochazo, la viscosidad de la pintura, la diversidad de texturas que se pueden alcanzar combinando materiales…?

La respuesta bien podría tener ya nombre y apellidos: Project Gustav. Desde Microsoft Research llega este prototipo, un sistema de pintura que busca aprovechar la potencia de las máquinas actuales y sus procesadores gráficos, combinada con las posibilidades de los interfaces naturales, para recrear con todo el detalle y realismo posible la experiencia del dibujo y el arte tradicional.

Podríamos hablar mucho sobre los complicadísimos algoritmos que maneja el prototipo, de la complejidad en el grado de simulación que alcanza. Pero no me creeríais si no lo vierais con vuestros propios ojos. Y este vídeo es la mejor presentación de un sistema que realmente permite que sean el arte y la creatividad del usuario los que hablen…

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