Mi cachorrita mayor esta a punto de cumplir cuatro años, va al cole y le encantan las princesas. Todos los dias vuelve a casa tan contenta con su taco de "fichas" realizadas sobre el papel de sucio que los papas llevamos voluntariosamente para que nuestros vástagos expresen su creatividad.

Hasta aqui todo normal hasta que ayer nos trajo esta preciosa e inocente princesa-sirena. Al darle la vuelta (haced clic), apareció un fax de una solicitud de reparación de un equipo informático, con todo lujo de detalles; la empresa, su titular, la dirección, teléfono, CIF, y... la cuenta corriente contra la que se facturará la reparación.

Seguramente Javier estará tan tranquilo, y espero que el objeto que le fué reparado le funcione a la perfección. Os aseguro que la empresa que factura es suficientemente solvente como para tener en su mano todos los medios tecnológicos y logísticos disponibles como para proteger este tipo de información personal y confidencial de sus clientes. Me consta que también tiene en vigor las correspondientes políticas y códigos de conducta de firma obligada por todos sus empleados, socios y proveedores se servicios (de hecho sospecho que en este caso el "outsourcing" ha atacado de nuevo). 

Pero al final, la cadena siempre se rompe por el eslabón más débil, y en la que constituyen procesos, personas y tecnología, las inteligencias basadas en carbono nos llevamos desde luego la palma.

Mañana mismo me voy a las zonas de impresión a ver que pillo :-)

Saludos